
La rotura del tendón de Aquiles suele producirse de forma repentina. Algunas personas sienten un chasquido o la sensación de haber recibido un golpe en la parte posterior del tobillo. Después pueden aparecer dolor, dificultad para caminar y pérdida de fuerza para ponerse de puntillas o impulsar el pie.
Durante muchos años se consideró que la cirugía era casi obligatoria para las personas jóvenes o físicamente activas. Sin embargo, las investigaciones más recientes han cambiado esta visión. Actualmente sabemos que tanto el tratamiento quirúrgico como el tratamiento no quirúrgico pueden conseguir una recuperación satisfactoria cuando se seleccionan correctamente y se acompañan de un programa de rehabilitación adecuado.
¿Es siempre necesario operar?
No. La decisión ya no debería basarse únicamente en la edad o en si el paciente practica deporte.
Uno de los ensayos clínicos más importantes comparó tres opciones: tratamiento no quirúrgico, cirugía abierta y cirugía mínimamente invasiva. Al cabo de un año no se observaron diferencias relevantes entre los tres grupos en los resultados funcionales comunicados por los pacientes. No obstante, se produjo una nueva rotura en el 6,2% de los pacientes tratados sin cirugía, frente al 0,6% de los intervenidos quirúrgicamente.[1]
Esto no significa que todas las personas deban operarse. La cirugía redujo el riesgo de una nueva rotura, pero se relacionó con un mayor número de lesiones nerviosas y con los riesgos propios de cualquier intervención, como problemas de cicatrización, infección o adherencias.
Un metanálisis posterior llegó a una conclusión parecida: la cirugía disminuye la probabilidad de una nueva rotura, pero aumenta otras complicaciones. Tampoco encontró una diferencia clara entre ambos tratamientos en la posibilidad de volver a practicar deporte.[2]
Por tanto, no existe una opción universalmente mejor. Lo importante es valorar qué ventajas y riesgos tienen más peso para cada paciente.
¿En qué consiste el tratamiento no quirúrgico actual?
El tratamiento no quirúrgico moderno no consiste simplemente en escayolar la pierna y esperar. Se basa en una rehabilitación funcional estructurada.
Habitualmente se utiliza una bota ortopédica que mantiene inicialmente el pie inclinado hacia abajo. Esta posición aproxima los extremos del tendón y favorece su cicatrización. Posteriormente se retiran de manera progresiva las cuñas del talón y se avanza hacia una posición más neutra.
Según las características de la lesión y el protocolo utilizado, el paciente puede comenzar de forma temprana una carga protegida y determinados movimientos del tobillo. El ensayo UKSTAR, realizado en 540 pacientes tratados sin cirugía, mostró que la carga temprana con una bota funcional proporcionaba resultados similares a la inmovilización tradicional con escayola, sin aumentar significativamente las nuevas roturas.[3]
Este tratamiento exige un buen cumplimiento del protocolo. Caminar fuera de la bota, retirar las cuñas demasiado pronto o forzar la flexión del tobillo puede alargar el tendón durante su cicatrización y reducir posteriormente la fuerza de impulso.
¿Cuándo puede ser recomendable la cirugía?
La cirugía puede valorarse especialmente cuando se busca reducir al máximo el riesgo de una nueva rotura o cuando las características de la lesión dificultan una adecuada aproximación y cicatrización del tendón.
Entre los factores que deben considerarse se encuentran:
- Localización y extensión de la rotura.
- Separación entre los extremos del tendón y su aproximación con el pie inclinado hacia abajo.
- Calidad del tejido tendinoso.
- Tiempo transcurrido desde la lesión.
- Estado de la piel y capacidad de cicatrización.
- Diabetes, problemas vasculares, tabaquismo u otras enfermedades.
- Nivel de actividad y objetivos deportivos o laborales.
- Posibilidad de cumplir correctamente la rehabilitación.
- Preferencias del propio paciente después de conocer las alternativas.
Ser joven o practicar deporte no constituye, por sí solo, una indicación absoluta de cirugía. Del mismo modo, la edad no excluye automáticamente el tratamiento quirúrgico. La decisión debe individualizarse y tomarse conjuntamente con el especialista.
Cirugía abierta o mínimamente invasiva
Cuando se decide operar, la reparación puede realizarse mediante una incisión abierta convencional o mediante técnicas mínimamente invasivas.
Las técnicas mínimamente invasivas utilizan incisiones más pequeñas y pueden disminuir determinadas complicaciones superficiales de la herida. También suelen acortar el tiempo quirúrgico. Sin embargo, no han demostrado una ventaja funcional clara a largo plazo frente a la cirugía abierta y pueden presentar un mayor riesgo de lesión temporal del nervio sural, responsable de la sensibilidad en la zona externa del pie.[4]
La técnica más adecuada depende de la localización de la rotura, la calidad del tendón, la experiencia del cirujano y las características particulares del paciente.
La rehabilitación es una parte esencial del tratamiento
La recuperación no depende solamente de que se opere o no el tendón. La rehabilitación desempeña un papel fundamental en ambos casos.
Los protocolos actuales tienden a evitar inmovilizaciones excesivamente prolongadas. Se busca introducir, de forma protegida y progresiva, la carga, la movilidad y el fortalecimiento. Esto puede ayudar a recuperar la función y limitar la rigidez y la pérdida muscular.
No obstante, “rehabilitación temprana” no significa avanzar sin control. Durante las primeras semanas el tendón todavía es vulnerable. La progresión debe estar coordinada por el traumatólogo y el fisioterapeuta y adaptarse a la evolución de cada persona.
Las fases habituales incluyen:
- Protección inicial del tendón en posición de flexión plantar.
- Inicio progresivo de la carga con bota y ayudas para caminar.
- Retirada gradual de las cuñas del talón.
- Recuperación del movimiento sin estirar agresivamente el tendón.
- Fortalecimiento progresivo de la pantorrilla.
- Trabajo de equilibrio, carrera y ejercicios específicos del deporte.
¿Cuándo se puede volver a correr o practicar deporte?
No existe una fecha única válida para todos los pacientes. Como orientación general, la vuelta a actividades deportivas suelen requerir doce meses, y en algunos casos más tiempo.
El calendario por sí solo no es suficiente. Antes de volver al deporte deben valorarse la marcha, el dolor, la movilidad, la fuerza de la pantorrilla, la capacidad para realizar elevaciones del talón y la tolerancia a ejercicios de carrera, salto o cambio de dirección.
Las pruebas de fuerza y simetría pueden ayudar a tomar la decisión, pero sus valores no deben interpretarse como garantías absolutas. También deben tenerse en cuenta las exigencias del deporte, la confianza del paciente y su respuesta al aumento progresivo de la carga.
¿Qué ocurre con el plasma rico en plaquetas y otros tratamientos biológicos?
Se han estudiado tratamientos como el plasma rico en plaquetas o PRP con la intención de mejorar la cicatrización. Hasta el momento no se ha demostrado un beneficio clínico suficientemente consistente para recomendar su uso rutinario en la rotura aguda del tendón de Aquiles.[5]
Esto no significa que nunca puedan investigarse nuevas aplicaciones, sino que actualmente no deben presentarse como una alternativa con eficacia garantizada.
¿Cuál es el mensaje más importante?
La principal actualización es que la rotura aguda del tendón de Aquiles ya no se aborda con una regla única.
El tratamiento no quirúrgico con rehabilitación funcional puede ofrecer una recuperación similar a la cirugía en pacientes adecuadamente seleccionados. La cirugía reduce el riesgo de una nueva rotura, pero introduce riesgos relacionados con la herida y los nervios. En ambas opciones, una rehabilitación bien planificada es decisiva.
La elección debe realizarse después de valorar la lesión, el estado de salud, las necesidades funcionales y las preferencias del paciente. Ante una posible rotura, es recomendable solicitar valoración especializada cuanto antes y evitar caminar, estirar o manipular el tobillo sin protección.
Este contenido es informativo y no sustituye una valoración médica individual.
Referencias
- Myhrvold SB, Brouwer EF, Andresen TKM, et al. Nonoperative or Surgical Treatment of Acute Achilles’ Tendon Rupture. New England Journal of Medicine. 2022;386:1409-1420. doi:10.1056/NEJMoa2108447.
- Fan L, Hu Y, Zhou L, Fu W. Surgical vs. nonoperative treatment for acute Achilles’ tendon rupture: a meta-analysis of randomized controlled trials. Frontiers in Surgery. 2024;11:1483584. doi:10.3389/fsurg.2024.1483584.
- Costa ML, Achten J, Marian IR, et al. Plaster cast versus functional brace for non-surgical treatment of Achilles tendon rupture: the UKSTAR trial. The Lancet. 2020;395:441-448.
- Attia AK, Mahmoud K, d’Hooghe P, et al. Outcomes and Complications of Open Versus Minimally Invasive Repair of Acute Achilles Tendon Ruptures. American Journal of Sports Medicine. 2023;51:825-836. doi:10.1177/03635465211053619.
- American Orthopaedic Foot & Ankle Society. Management of Acute Achilles Tendon Ruptures: Position Statement. Actualización de noviembre de 2024.
Responsabilidad editorial: Dr. Miguel Ángel Román Cañada, especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología con dedicación a la cirugía del pie y tobillo.
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